diumenge, 4 de gener de 2009

Toda una vida buscando a su tío desaparecido en la guerra

Toda una vida buscando a su tío desaparecido en la guerra

La familia Pons Pons de Ciutadella mantiene la esperanza de averiguar dónde falleció Pere Pons, 75 años después de marchar al frente de Cataluña

JORDI GONZÁLEZ

Pere Pons Pons y su familia han estado toda su vida pendiente de una noticia que nunca ha llegado: saber dónde está su tío-hermano desaparecido durante la Guerra Civil en el frente de Cataluña. Joan Pons Allès (Ciutadella, febrero 1915) marchó hace ahora 75 años hacia Barcelona, y nunca se supo nada más de él.
Pere era su sobrino, «aunque para mi era como un hermano mayor», ya que al morir la madre de Joan, su hermana mayor (la madre de Pere) se hizo cargo de él.
Joan Pons Allès marchó a Catalunya en enero de 1939, ocho días antes de que Barcelona fuera ocupada por los 'nacionales' y las tropas franquistas avanzaran hacía los Pirineos. Y desde entonces la familia le perdió la pista.
Desde el mismo mes de marzo de 1939 la familia lo busca. Primero se dirigieron al Gobierno de Franco, que les comunicó que «en nuestros ficheros no existen datos de este Sr. Puede dirigirse a la Inspección de Campos de Concentración en Burgos». Luego, en plena segunda Guerra Mundial la hermana de Joan fue a Francia para buscarlo, e incluso fue detenida. Posteriormente la familia a través de las embajadas y la Cruz Roja trató de hallar su paradero en Alemania, por si había ido a parar a un campo de concentración nazi. Más recientemente se dirigieron a la Associació per a la Recerca de la Memòria Històrica de Catalunya e incluso se remitió el expediente al juez Garzón para que lo investigará. La respuesta en todos los casos siempre fue la misma: ni rastro de Joan Pons Allès.
Dos únicas noticias le aportaron una vaga información de dónde podría haber estado. Primero un telegrama que Pere conserva como un tesoro (junto a las fotografías, documentos y una cartera que Joan se dejó antes de marchar a Barcelona). El telegrama de un tal Barrio, un compañero que marchó con Joan al frente, dice «Juan salió destino Manresa el 23 de enero, ignoramos más noticias. Barrio». La otra referencia es de otro compañero que «me dijo: tu tío huyo conmigo de Manresa a los Pirineos, y cuando estuvimos en Banyoles, nos acorralaron, e intentamos escapar de mata en mata, pero de pronto yo le dije Joan bota, bota,... y lo perdí de vista».
Joan de profesión era patronista-diseñador de calzado, aunque cuando no tenía empleo trabajaba en un taller de reparación de bicicletas. En 1936 fue movilizado y debido a las depuraciones en las altas graduaciones del estamento militar, fue ascendiendo rápidamente, pese a no tener carrera militar. Pasó de soldado a cabo, luego fue nombrado sargento y al final de la guerra ya era teniente de infantería.
Pere tenía tan sólo seis años, pero recuerda cómo si fuera ayer la despedida de su tío «Yo siempre recordaré abrazó a mi madre y su hebilla me tocó la mejilla,... y aún hoy -dice visiblemente emocionado- me la siento». Otros recuerdos de Pere sobre su tío son los paseos que hacían juntos con bicicleta y las visitas que les hacía durante la guerra en el predio de La Vall, donde se refugiaron los tres años de guerra.
Ahora, 75 años después, lo único que quiere Pere es saber dónde murió: «Yo ya tengo 80 años de edad, y lo que tengo es curiosidad, soy consciente que no hay nada que hacer, que está muerto. Pero me gustaría antes de morir saber dónde está, no para ir a buscarlo y desenterrarlo, sino simplemente para saber dónde está».
Pere asegura que la búsqueda de su tío «no es nada político, el era militar y punto». Pese a todo, «no estoy de acuerdo que se quiera olvidar. Yo puedo perdonar, pero no lo puedo olvidar».
Sobre la Guerra Civil, Joan opina que «no hay derecho de que se matarán a curas y a militares, igual que Franco tampoco tenía que haber hecho la gran matanza de después de la guerra, la venganza sobraba, hay que saber perdonar».
Joana, la hermana de Pere no conoció a Joan, pero sí que vivió la angustia e incertidumbre de su búsqueda, y recuerda que durante muchos años «todos pensábamos que un día volvería». De hecho, el padre de Joan (el abuelo de Pere) estuvo siempre pendiente de cualquier noticia: «cada día, preguntaba si había venido el cartero», comenta Pere.
Joana Pons más combativa que su hermano le duele «que no dejen investigar a Garzón». Ella lo tiene claro: «el problema de este país, es que los que ganaron la guerra se creen que España es suya».
La Guerra Civil y la posterior represión franquista acabaron con la vida de 636 menorquines. De todas ellas, 251 eran del bando "nacional", y la mayoría (un centenar) fueron asesinadas en las matanzas del barco Atlante (agosto de 1936).
Las 385 restantes eran del bando republicano, entre las que se incluyen los 148 menorquines fusilados durante la posguerra en La Mola, y los 54 fusilados fuera de la Isla. Según los datos recopilados por Antoni Pons Melià en la obra 'Víctimes del silenci', otros 56 menorquines fallecieron en las cárceles o campos de concentración de fuera de la Isla; 20 murieron en los campos de exterminio nazi y 36 fallecieron en las cárceles franquistas de La Modelo de Barcelona, Zaragoza, de Cieza (Murcia) o Segovia. Otros 19 decidieron suicidarse por miedo a las represalias. A ello hay que sumarles los 600 menorquines exiliados, 450 en el buque inglés Devonshire, 77 en el velero Carmen Picó y el resto en pequeñas embarcaciones. Todo ello hizo que entre el 1938 y el 1940 la población de Menorca cayera un 14%, al pasar de los 50.000 habitantes en 1938 a los 43.000 de 1940.

Fuente: Diario Última Hora Menorca, versión digital, 4/01/2009
http://www.ultimahora.es/menorca/segunda-me.dba?-1+2013+459021